07 May

Carta de Omar Torrijos a Edward Kennedy

Carta de Omar Torrijos a Edward Kennedy

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Extracto de la Carta que Omar Torrijos, remitió al Senador Edward Kennedy el 7 de mayo de 1970. (Cualquier parecido con la realidad actual, NACIONAL o INTERNACIONAL, es pura coincidencia).

“El gobierno era un matrimonio entre fuerzas armadas, oligarquía y malos curas, y como los matrimonios eclesiásticos no admiten divorcio, aquella trilogía de antipatriotas parecía indisoluble. El oligarca explotaba los sentimientos de vanidad y lucro de ciertos militares, incluyéndolos en sus círculos sociales, e incluyéndolos también en las participaciones de sus empresas. El militar prestaba su fusil para silenciar al pueblo y no permitir que la clase gobernante fuera “irrespetada” por la chusma frenética, como llamaban al pueblo, y los malos apóstoles de la Iglesia bendecían este matrimonio, para sentarse a la mesa como invitados y poder disfrutar de los beneficios del poder.

Desde que salí de la Academia como Segundo Teniente, a los 22 años, fui demasiado utilizado para comandar pelotones de fusileros que estaban prestos a silenciar estudiantes, obreros y campesinos. En más de una ocasión, se me despidió, antes de salir para el escenario de los disturbios, con las siguientes expresiones:

“Aplasta a esos subversivos, que pretenden desquiciar la economía no pagando el alquiler de sus casas.”

“Extermina a esos huelguistas, Torrijos, a quienes hemos hecho el favor de dar un trabajo y ahora vienen con las exigencias de un aumento de salario; después que les hicimos tal favor y les dimos de comer, hasta techo quieren para sus hijos.”

“Estudiantes estúpidos, ¿cómo se les ocurre bloquear las calles e incendiar vehículos, sólo porque les faltan unos profesores? En nuestros tiempos, cuando mirábamos mal al director, nos expulsaban.”

Fui creciendo, cronológica, mental y jerárquicamente, llegando a ocupar posiciones de alto relieve en el engranaje de las Fuerzas Armadas. Siendo jefe militar en una zona de grandes desigualdades sociales y económicas, recibí la siguiente orden de parte de uno de los altos oficiales que me comandaban y que posiblemente hablaba por teléfono desde la mesa de accionistas a la cual me referí antes, invitado por la oligarquía:

“Dígale a los campesinos que encierren sus parcelas, que el ganadero, por falta de pastos, tendrá que soltar su ganado.”

No recuerdo, hasta hoy, un solo incidente, en los tiempos en que comandaba tropas especializadas en orden público, en que la razón no estuviera de parte del grupo hacia donde apuntaban nuestras bayonetas…”